1. Elige bien y habla claro…

Hoy estreno una sección de mi blog que llevaba mucho tiempo deseando empezar.

Un lado más personal al que considero tan o más relevante que el resto de entradas al blog con material profesional, debido al impacto que me implica y espero que de algún modo a ti también.

Le llamaré: «Lo que me hubiese gustado saber…»

Porque tras años de ejercer mi profesión he tenido que aprender la mayoría de cuestiones «a los golpes».

Y claro está, que siempre habrá momentos en los que no nos quede otra que caer para levantarnos, es ley de vida y no habrá persona ni sistema que pueda evitarlo del todo.

Igual, está esa otra teoría de que «nadie aprende por cabeza ajena» y es cierto, nada nos importa en X medida hasta que sucede en propias carnes.

Pero aún así, se me ocurrió abrir este espacio donde iré dejando lo que para mi fueron lecciones valiosas… Con el único fin de que, de algún modo, te sirva de alerta o ayuda.

Esas cuestiones que me hubiese encantado saber cuando renuncié, o cuando emprendí, o cuando expandí, o cuando me mudé, o cuando emigré…

Esas decisiones que si me hubiesen advertido con antelación que hiciera así o asao… Me habrían ahorrado tal vez varios de dolores de cabeza.

Y sí, de todo se aprende… Mi filosofía de vida es que cada vez que toco fondo… Uso el suelo sólo para coger impulso y llegar más alto de lo que estuve antes. Y seguirán habiendo caídas.

Pero aún así… Hay cuestiones donde hubiese sido muy útil tener algún consejo anticipado… Y de eso va esto.

El pasado pasó… Y el mañana no sabemos lo que depara con exactitud… Pero hoy, te puedo contar lo que he aprendido por si juega en tu favor de alguna manera.

Dicho lo cual… Paso al 1er capítulo:

ELIGE BIEN Y HABLA CLARO

No me refiero a la superficial transparencia implícita que debe haber en cada relación profesional… Ni tampoco hablo de rechazar prospectos al azar por cualquier razón.

No va de cobrar lo justo o de explicarlo todo al detalle… Ni siquiera del lenguaje, los medios o la frecuencia que uses para comunicarte con tus clientes.

Me refiero a que ellos sepan sin duda alguna que… Das lo que necesitan y no sólo lo que quieren.

En los negocios… Ser íntegro, firme y certero trae consigo más provecho que quebrantos.

Saber esto me ha ayudado a crecer en enfoque, energía, paciencia, prestigio, credibilidad y tiempo.

Todo ganancias, todo positivo… Por eso lo destaco.

No es fácil entenderlo a la primera, así que empezaré por un caso básico, pero real…

Tuve un cliente que me pedía carga de productos desproporcionada en su tienda online.

Le expliqué que eso era importante ¿quién quiere entrar a un ecommerce vacío?.

Pero es que, la Web ya tenía más de 1000 items arriba y llegados a tal punto, la prioridad era pasar a otros pasos para buscar tráfico y luego conseguir que dicho tráfico le comprase.

De ese modo el «chiringuito online» tendría sentido y lucro. Pero el cliente seguía enfocado en subir y subir y subir… Y yo constante en mis otras recomendaciones.

¿Resultados?

Pues que eventuamente dejé de trabajarle, aún a costa de prescindir del ingreso que esa cuenta me representaba. Pero el sacrificio monetario por decirlo así, se compensó en saber que tomo muy enserio mi función de asesorar en lo que debe hacerse, en lo importante, en lo rentable.

No me gusta diluir los recursos de mis clientes… Pero tampoco diluir mi recurso más preciado, MI TIEMPO… No con tareas que sé por experiencia, que no son productivas y nos llevaban a todos a un callejón sin salida.

¿Más resultados?

Pues que el cliente sigue llenando su tienda de productos y categorías y artículos con otra persona, pero cada vez que me encuentra y conversamos sólo sabe decirme «oye… no vendo nada online», y lamentablemente han sido más de dos veces en más de par de años transcurridos.

No me es grato saberlo… Me hubiese encantado, aún sin estar en el proyecto, enterarme de que todo iba bien… Pero soltar la responsabilidad fue liberador… Llegados a un punto, ya no dependía de mi, e insistir era una insensatez.

Si se construye una pared a mis consejos, no debo pasar más tiempo del necesario en derrumbar ese muro.

Y si ese comercio desaparece, al menos intenté ayudar… Pero en su momento y sólo durante un período justo.

Antes de aprender a soltar con este caso, podía estar mucho más tiempo del necesario desgastándome y al final, el resultado era el mismo, no seguir trabajando juntos así que lo mejor es decir «basta» a tiempo.

Al irme pierdo un cliente y él pierde un consultor… Pero gano la posibilidad de implicarme en el crecimiento de otros comercios más receptivos, sin perder de vista en balanza mi responsabilidad con mi propio negocio.

Y ellos, ganan la posibilidad de aprender con el tiempo y contar con alguien que logre conectar con su modo de comprender las gestiones que realmente cuentan y se den la oportunidad de crecer.

De este y otros casos aprendí además la gran importancia de elegir al cliente con el mismo cuidado con el que selecciono una amistad, una pareja, una ropa, un calzado, una mascota, una comida o un suplidor.

Ellos crecerán y tú también, en consecuencia.

Cada esfuerzo, tiempo y recurso invertido en sus proyectos, representará una ganancia y es muy satisfactorio colaborar así… Desde la total certeza de que dar lo mejor de mi, será aceptado e incluso valorado.

Y eso producirá buenos frutos personales y financieros para ambas partes.

Nadie drena, nadie diluye… Todo fluye, todo avanza.

En resumen… Un cliente ideal:

Seguirá con gusto y confianza tus indicaciones.
Te hará lograr más ingresos con menos esfuerzo.
Estará siempre complacido con tu labor.
Recomendará tu trabajo contando sus resultados.
Será un consumidor leal y recurrente.
No pondrá peros a tus precios porque conoce bien el valor que le aporta de vuelta aquello que ofreces.

Si «pillas» a un cliente NO ideal… No necesariamente ganarás (ni dinero, ni tiempo, ni reputación, ni experiencia) y por eso tal vez merezca la pena buscar mejor y esperar un poco más al adecuado.

Por eso es tan relevante tomarse el tiempo de encontrar a quien conviene, incluso cuando necesitemos desdesperadamente ingresos. A veces más, es menos. A veces cualquiera no vale. A veces resistir a lluvia, sol y sereno, no cuenta. A veces rendirse no es perder. A veces aguantar no es suficiente.

Así que, una vez hayas ubicado y captado a tu próximo cliente ideal… Jamás olvides ser amablemente claro y tajantemente consistente con la finalidad de lo que brindas… Será el modo más directo de que mutuamente obtengan los mejores beneficios de la relación profesional.

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